miércoles, 5 de julio de 2017

ENTREVISTA A DOMÉNICA FRANCKE ARJEL: “YO CREO QUE LA MAYOR URGENCIA AHORA ES ESTABLECER LOS LÍMITES DEL FEMINISMO, RECUPERAR LA MEMORIA Y DEFINIRNOS CLARAMENTE COMO MOVIMIENTO COLECTIVO, POLÍTICO Y EXCLUSIVO DE LAS MUJERES.”



Entrevistamos a Doménica Francke Arjel, Profesora de Historia y Geografía, Magister (c) en Historia, UdeC, Feminista Radical, militante e integrante del órgano de formación de la Sociedad de Unión y Resistencia Chillán.
Las luchas de la mujer por su liberación son sin duda milenarias, muy anteriores al momento en que se acuñó el término feminismo como movimiento. ¿Cuáles crees que son las particulares de dichas luchas en este Siglo?
Perdona por responder haciendo un rodeo histórico más o menos largo, pero es parte de la (de) formación disciplinar, no se entiende cómo hemos llegado a dónde estamos, si no miramos a la historia.
El triunfo “casi” universal de la idea de igualdad entre los seres humanos, que incluye, al menos nominalmente a las mujeres, es el mayor logro del siglo XX, sin duda. Digamos que este despliegue de valores de origen humanista, constituye sin duda el único hábitat (parafraseo a Amelia Valcárcel, una de las feministas más brillantes en castellano, viva y pensante) en el cual el Feminismo puede vivir y crecer. La tragedia del feminismo, por decirlo así, fue la arremetida de una nueva forma totalitarismo del pensamiento, muy bien disfrazado de progresismo y de novedad, que es el relativismo. Y sobre esto hay que darse el trabajo de leer, ¿sabes?, porque hay mucha gente que piensa que el relativismo es una cosa nueva y liberadora, cuando, en realidad, el relativismo nace casi al mismo tiempo que el pensamiento de un humanismo universal, como contrapartida. Todorov aborda este problema en su obra: “Nosotros y los otros”, solo como sugerencia, lo recomiendo para hacer una aproximación a la raíz perversa del relativismo, porque es perverso… Relativistas, en cuanto para ellos la moral es y DEBE ser una expresión del dominio de los fuertes, son, por ejemplo, tipejos como Sade o Bataille, que era misóginos de manual. Y bueno, sucede que en la década de 1980, cuando ocurre la reacción conservadora gringa y británica, neoliberal y ultraconservadora, con Tatcher y Reagan, y llega la paranoia del SIDA (que, si bien, afectó casi exclusivamente a los gays, también salpicó a las lesbianas y puso en entredicho la sexualidad lesbiana), es cuando el relativismo y su aliado infaltable, el individualismo, hacen su aparición en el Feminismo.
Un Feminismo que con el auge del radicalismo, sobre todo, lesbiano, había alcanzado unos niveles de análisis bastante lúcidos y complejos, con gran potencial político emancipador. Por ejemplo, respecto al carácter colectivo de la opresión patriarcal, a la imbricación de las opresiones de sexo, clase y raza, al rol fundante del sexo y la heterosexualidad obligatoria (de las mujeres), al amor romántico como discurso dulcificador de la dominación de los hombres sobre las mujeres, etc.
Lo que ocurre es un repliegue del Feminismo, lo que se explica porque estaba acosado por fuera por el conservadurismo, y, por dentro, por elementos liberales y por la infiltración de los gays en el movimiento, varones, por cierto, sin interés ni lecturas del Feminismo radical, porque estaban, en el fondo, cómodos con pertenecer a la clase dominante de los varones, por más que sus preferencias sexuales no fueran heterosexuales.
Toda esa crisis, da origen al queer, una ideología totalmente anti-feminista, obsesionada con lo patológico y lo marginal, que replantea en tono individualista y apolítico las preocupaciones por el sexo que el Feminismo había puesto sobre la mesa. Pero, las replantea como obsesiones, escarbando en lo patológico, y, llega, por ejemplo, a ponernos a las lesbianas como parte de un circo de desviados sexuales, junto a pederastas, masoquistas y sádicos, fetichistas, etc., quitando todo el potencial liberador, emancipador y la promesa de una nueva civilización, basada en valores feministas. La reemplaza por la distopía de un mundo deshumanizado, sádico, habitado por seres decadentes y obcecados con sus propios deseos…
Sobre este proceso, la mejor autora que conozco, que lo describe y analiza es Sheila Jeffreys, en “La herejía lesbiana”, autora y obra que, creo, deberían ser de cabecera de toda feminista radical que se precie de tal, y de toda feministas, finalmente.
Si miramos ahora mismo, cuales son las mayores amenazas que enfrenta el Feminismo, no dudaré mucho en señalar al queer y su pretensión de que el género es un espectro y una expresión de identidad, negando su carácter opresor, y, a partir de esa falacia, la masiva penetración (no encuentro una palabra más patriarcalmente apropiada para describirlo) de los hombres en las filas feministas, bajo la ridícula premisa de que el género es identidad y esencia, y que, sí ellos se sienten mujeres, son mujeres, y nosotras tenemos que cederles a ellos las prioridades del Feminismo porque ellos están más oprimidos. Ahora, las mujeres estamos luchando por mantenernos como sujeto político del Feminismo, y en esto, parece que estuviéramos a principios del siglo XIX.
¿Cuáles son las particularidades de la lucha feminista en este país?
– Yo creo que, lamentablemente, si en todo el mundo las mujeres y las feministas vivimos una crisis, en Chile esta es peor. Un solo ejemplo bastará para dar cuenta de este hecho: el aborto está penalizado en cualquier circunstancia. Pueden violarte, tu vida estar en peligro o el embrión/feto ser inviable, pero tú, vas a parir y vas a ser madre. Lo que esto implica es que nuestros derechos humanos más básicos, la autonomía fundamental, está negada… Lo que, en otras palabras, es una negación jurídica de la condición humana de las mujeres.
Las legislaciones que presentan estas características en el mundo, son contadas con los dedos… Y Chile, se autoproclama el campeón del respeto al Derecho internacional… y es un país que ha sido amonestado porque esta criminalización es considerada, por la ONU, una forma de tortura.
Hace poco, se despachó en el Senado la Ley de Identidad de género, y seguimos sin tener aborto ni siquiera en las famosas tres causales…
¿Por qué la Ley de identidad de género es una prioridad legislativa y la vida y los derechos de las mujeres, que somos más del 50% de la población no? (4 años de tramitación, y el aborto terapéutico lo perdimos legalmente, a fines de la Dictadura, ¿se ve la diferencia, o no?)
Y les llamo a leer esta ley, porque si mañana un tipo se autoproclama mujer, puede hacer un trámite y tener acceso a tus espacios, legalmente… Y no quiero ni pensar qué pasaría si lo femicidas deciden hacer el trámite… Y los violadores. Es mentira, sí lo pienso y me aterra y me enfurece). Es más, hace un par de días, en Argentina, que tiene una ley como la que se va a promulgar pronto en Chile, se detuvo a un trans que violó y embarazó a una niña con retraso madurativo… Y ese tipo, con su identidad legal de mujer, va a ser procesado como mujer, va a aparecer en una estadística de mujeres violadoras y va a cumplir su pena en una cárcel de mujeres…
¿Se puede calificar esto de “progre”, será un “avance” en la línea de garantizar derechos?
Para las mujeres: NO.
¿Es posible establecer una genealogía de luchas feministas en Chile y Latinoamérica?
Es muy posible, siempre que se aborde des una perspectiva feminista. Es decir, que no se pretenda esa aproximación a-política, aséptica, porque, en el caso específico de las mujeres, oprimidas por siglos de patriarcado, resulta tremendamente problemático acceder a su historia. No hay una Historia en el sentido clásico del término. Es complicado abordar ese proyecto, pero, sobre todo, es necesario proponérselo como feministas. Además, es necesario hacer un ejercicio consciente para recuperar la memoria feminista, porque sí hay textos, sí hay autoras que han esbozado esa “genealogía”, y ahora me viene a la cabeza el clásico de Julieta Kirkwood: Ser política en Chile, pero hay muchas más, y muy importante que abandonemos esa idea infantil de que el feminismo nació con nosotras, que todo lo estamos inventando y todo es nuevo. Además, estoy diciendo, básicamente, que deben las mujeres feministas, con todo el rigor disciplinar (metodológico y conceptual), pero sin negar el carácter político de esta empresa, las que deberían asumirla y llevarla a cabo. Y pienso en una tarea colectiva, extensa, intergeneracional y transnacional.
Respecto de las luchas de la mujer en Chile: cuáles son las ausencias del trabajo de historiográfico y cuáles son las claves para abordar una recuperación crítica. 
Es la historia del propio movimiento de mujeres, del feminismo nacional, sobre todo, en su rama radical, la principal deuda. Y esto me parece muy grave. Y aprovecho el espacio y la oportunidad, para lanzar una acusación contra el feminismo liberal-institucionalizado chileno: ellas han negado y borrado al radicalismo nacional, lo han hecho (mal) intencionada y sistemáticamente. Una denuncia, que, por lo demás, no me adjudico, pues las propias feministas radicales chilenas, herederas de Margarita Pisano, han realizado muchas veces, sin generar eco… y eso no es casual. Solo para mencionar un ejemplo, está la investigación de tesis de Andrea Franulic: “La cobardía feminista”.
¿Puede el feminismo ser liberal? 
– Aún reconociendo que hay una vinculación inicial, en términos ideológicos, entre las primeras manifestaciones del feminismo sufragista y el liberalismo, y esto lo tratan Valcárcel y Amorós, por ejemplo, la verdad es que al Feminismo, por sus propias consecuencias lógicas, el liberalismo le quedó chico. Esas españolas que cito, hablan, de hecho, del Feminismo como el hijo indeseado (más bien, la hija, diría) del pensamiento Ilustrado. Hoy día, de ninguna manera podrían coincidir los intereses del Feminismo con los de liberalismo: un feminismo liberal es, en realidad un aliado estratégico del patriarcado, como “nave madre” de todas las otras formas de opresión, y, por supuesto, un esbirro del capitalismo en su fase neoliberal. Un Feminismo que cierra los ojos a la realidad material no es Feminismo, el Feminismo no hace eso, no se dejen engañar, eso lo hace el queer en sus intoxicaciones con opio discursivo, y eso no es Feminismo. Es una contradicción invivible y una trampa mortal (literal y metafóricamente) para las mujeres: “feminismo patriarcal”, “machismo feminista”… No, eso no es feminismo, es cobardía y autocomplacencia.
¿Cuál es el posicionamiento del feminismo respecto a la lucha por el poder político?
Bueno, esa pregunta me queda grande, porque sin duda hay diferencias importantes entre las expresiones del Feminismo. Ya que, el Radicalismo, al que adscribo, también comprende diversidad, aunque con una sólida base común, la de analizar la raíz de la opresión y evidenciar su carácter colectivo.
El frente de reclamar y denunciar al Estado, en un contexto de misoginia asesina, no puede ser dejado de lado, en ese sentido, no creo que se puedan establecer alianzas con partidos ni nada por el estilo, pero sí es posible presionar, pelear en las calles, porque un mínimo de derechos se garantice, y en Chile, creo, esto es más importante que, quizás, en otras partes del mundo en las que cuestiones como el aborto están más o menos resueltas.
De todas maneras, la creación de una nueva civilización, que es la meta, pasa por procesos muy largos y complejos, y, en ese sentido, la generación de un pensamiento feminista contrahegemónico es más importante, y ese es nuestro horizonte político, el que nos tensa y nos da sentido. Ahora lo político-inmediato, es justamente eso: urgente y no podemos desatenderlo (pienso, por ejemplo, en funar a un candidato/programa desvergonzadamente machista, como algo mínimo, denunciar su machismo en todo los espacios y llamar a no votar por él), siempre que no nos consuma y mantengamos claro que el Feminismo es un proyecto civilizador de largo plazo.
¿Cuáles son sus objetivos prioritarios en este período histórico?
Yo creo que la mayor urgencia ahora es establecer los límites del Feminismo, recuperar la memoria y definirnos claramente como movimiento colectivo, político y exclusivo de las mujeres. Ahora mismo, caminamos entre las sombras, hay mucha infiltración de valores patriarcales y neoliberales, como el individualismo, el relativismo, etc.
Esto de poner límites no es sencillo ni está exento de conflictos, y son necesarios, creo. Porque definirnos implica que hay que nombrar lo qué es el Feminismo, pero también lo que no es feminismo, lo que es anti-feminismo y quiénes son el enemigo. Y digo enemigo con todas sus letras, porque a las mujeres nos están matando y violando, y, parafraseando a la gran Andrea Dworkin, ese es el medidor de nuestros avances: cuántas violadas y cuántas asesinadas. Y si usamos ese parámetro, en todo el mundo estamos siendo diezmadas. Así que para definir al enemigo, habrá que preguntarse: ¿quién las mató, quién las violó?
Así que, lo más importante, creo, ahora mismo, es que las mujeres nos re-apropiemos del Feminismo sin miedos, con orgullo, con rigor, con el compromiso que esto requiere, y eso implica también leer y teorizar, investigar y definir, y salir a la calle, porque creo que hemos marchado demasiadas veces sin ni entender lo que gritamos, y porque en esto, no nos engañemos, nos jugamos la vida.

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