jueves, 16 de julio de 2015

ENTREVISTA A SHIRLEY MACLAINE “A veces pienso que sigo en los cincuenta”





Eran los reyes de Hollywood. Qué de Hollywood, del showbusiness. Sus juergas, sus risas y sus amoríos eran comentados por todo Estados Unidos en los sesenta, y convirtieron Las Vegas en el paraíso perdido. En grupo fueron bautizados como el rat pack, y por separado se llamaban Frank Sinatra, Dean Martin, Sammy Davis Jr., Peter Lawford y Joey Bishop. Había varias mujeres alrededor, pero la única que tenía de verdad título de honor, la que era considerada rat pack boy era Shirley MacLaine. “Frank era un tipo bastante aburrido, de verdad, aunque conmigo siempre fue agradable. En cambio, Dean… Con Dean sabías que te ibas a reír siempre. En general todo el grupo era muy honesto, y eso les hacía estupendos”. Al otro lado del teléfono, desde un lugar que no confesará, MacLaine es todo risas, y su voz suena entre múltiples interferencias. Vive la mitad del año en Santa Fe (“Tiene que ver qué paisajes. Y el arte”), y la otra mitad en Malibú: “En los aviones me conocen perfectamente”. No solo por ella, sino porque viaja siempre con sus tres perros. “Son mis alegrías. Yo ahora estoy enamorada de la vida”.
Shirley MacLean Beaty, su auténtico nombre, ha cumplido en abril 81 años. “No pienso retirarme. ¿Qué iba a hacer en casa? Me apasiona actuar porque es una labor creativa. Además, me llegan propuestas, guiones apetecibles… ¿Le puedo hablar de ellos?”. Por supuesto, no se debe llevar la contraria a alguien que pudo con Billy Wilder. “Pues he rodado Wild Oats, con Jessica Lange, y tengo dos proyectos más, uno de animación”. La razón de la entrevista es el estreno en España, el pasado viernes, de Elsa & Fred. “Cuando apareció la oferta, vi la película original. Era estupenda”. De partenaire, Christopher Plummer. “Que es mayor que yo”, suelta entre risas. “¡Ni a los ochenta se olvidan de poner jovencitas al lado de los galanes maduros! Nos conocemos desde hace mucho tiempo: es bueno trabajar con amigos”. Y en la dirección, Michael Radford. “Un tipo muy educado, culto, con sapiencia. Espero que la película tenga más éxito en España que aquí en EE UU, que la estrenaron muy mal”.
MacLaine ha trabajado con los grandes, y es momento de volver a Wilder. “Era impresionante verle lanzar pullas verbales. Poseía una mente tan rápida como endiablada”. Sin embargo, a continuación puntualiza: “He tenido una vida estupenda, aunque no me gusta mirar atrás. No me doy ni a la nostalgia ni a los recuerdos. Prefiero seguir adelante. Vivo sin agenda ni muchos horarios”.
Y con todo, MacLaine sigue creyendo en la reencarnación —“A estas alturas no voy a cambiar, entenderá”—, en los ovnis —“Veo muchos desde mi casa de Santa Fe”— y luchando contra lo que ella vea injusto. Por ejemplo, el trato a la tercera edad: “Nuestra sociedad no sabe cómo tratar a los mayores. Meter a un anciano en una residencia, por ejemplo, me parece inhumano. Lo veo y me duele. Ya no aprovechamos esa sabiduría de la vejez. Y eso que yo me considerado un caso aparte. Es como con las películas: ya no hay cine valiente ni productores que se la jueguen buscando calidad. En resumen, nosotros —al menos es mi creencia espiritual— recibimos lo que damos, creamos nuestra propia vida”. Y a MacLaine aún le queda camino. En ese movimiento, la chispa que siempre ha emanado de sus ojos parece no consumirse. Y MacLaine aún posee algo de niña gamberra, acrecentado por su personaje de Elsa & Fred. “Gracias, es usted un mentiroso maravilloso. A veces me olvido de que tengo 81 años, pienso que sigo en los cincuenta, y mi cuerpo lo paga. Recuerdo muy bien aquella década porque fue la primera vez que sentí que me enamoraba”. Durante casi tres décadas, MacLaine mantuvo un matrimonio abierto con Steve Parker. “Sí, y yo tuve largas relaciones sentimentales con otros hombres. Entonces no había conocido el amor verdadero. Me atraían más otras cosas: el glamour, la belleza, el talento... Ahora estoy bien conmigo misma. No sé si estoy abierta a un último amor como hace Elsa en la película. De ella me gusta su forma positiva de ver la vida. Yo soy más cínica, el mundo tiene poco arreglo”.

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